A continuación, queridas lectoras me es grato compartir con ustedes un libro de “Cuentos de los Derechos del Niño” del autor: Saúl Schkolnik, basado en la declaración definitiva de los Derechos del Niño que entró en vigor en septiembre de 1990, luego de haber sido ratificada por veinte naciones entre ellas Chile.



“CHORLITOS EN LA CABEZA “
(Derecho a ser Amado y Cuidado)


Robertito no era un niño muy limpio que digamos. Y la verdad es que como sus padres siempre estaban muy ocupados en cosas importantes, cada día su mamá, al salir apurada a su trabajo en la Junta Nacional de Niños Desvalidos, le recordaba:
_ ¡Robert hito¡ Báñate tú solito , ya eres grande y puede hacerlo. Y no te olvides de lavarte muy bien la cabeza.
_Sí mamá respondía el niño
Entonces entraba al baño y echaba a correr el agua de la ducha, mojando el piso y la toalla para que pareciera que se había bañado.
Su papá, mientras tanto, tomaba el desayuno leyendo su periódico preferido. A veces escuchaba, y otras no, correr el agua de la ducha. Y cuando por la noche la mamá de Robertito preguntaba:
¿Se baño el niño, Godofredo?
El papá asentía con un movimiento de cabeza, pues estaba muy ocupado mirando las importantes noticias en la televisión.
Y la mamá se quedaba tranquila
Otras veces era el papá quien, al salir a su trabajo decía:
_Roberto, báñate y recuerda lavarte muy bien la cabeza
Su mamá, entre tanto, terminaba de arreglarse. A veces escuchaba y otras no- correr el agua de la ducha.

Como nadie se aseguraba de que Robertito se hubiera bañado verdaderamente, ¿para que hacerlo? Así las cosas, cada día se iba acumulando mas polvo sobre su cabeza, pelusas y semillas, basuritas y cualquier cosa que cayera sobre su pelo negro enrulado ya no volvía a salir de ahí nunca más.
Un día, las cosas, comenzaron a complicarse, pues esa mañana, cuando abrió el agua de la ducha, algunas gotas mojaron el polvo, que había sobre su cabeza y la semilla empezó a germinar. Echo raíces, un tallo, una hoja…Y poco a poco comenzó a crecer un arbolito en la cabeza del niño.
Por supuesto que ni la mamá ni el papá de Robertito se dieron cuenta de aquello. Y menos de los dos chorlitos que llegaron allí en busca de un lugar donde hacer su nido.
L a verdad es que a Robertito le pesaba cada ves mas la cabeza, pero no tanto como para preocuparse.
Y llego la primavera…….La chorlito hembra puso tres pequeños huevos en su nido. Y no mucho tiempo después, tres hermosos polluelos piaban felices en el nido construido entre las ramas del arbusto que Robertito tenía sobre su cabeza.
Pero como su papá y mamá estaban demasiado ocupados con sus trabajos, no se enteraron lo que estaba pasando en la cabeza de su hijo.
Hasta que una noche, en medio de la oscuridad, se oyó un….Pío, Pío, Pío.
La madre de Robertito despertó.
_¡Godofredo!, ¡Godofredo! Escucha…….. ¿Qué pasa mujer?
_Oigo ruidos extraños en la casa ¡Por qué no vas a ver los sucede?
_¡Ba! No es nada. Yo no oigo nada.
_Oigo ruidos en el dormitorio del niño.
_ Estas soñando Estefania. Vuelve a dormirte mejor.
Pero en ese momento de oyó un -- Pío, Pío
_ ¿Oíste?
_Sí, está bien. Iré a ver_ Aceptó el padre; y levantándose bastante a desganas fue a la pieza de Robertito y encendió la luz.
El niño perturbado, se despertó y se sentó en la cama.
_ ¡Ouch!_ Exclamo el papá al ver lo que estaba viendo_ Estefanía, ven rápido
La señora se levantó y corrió a la pieza del niño;
_ No pudo menos que gritar al ver a Robertito sentado en la cama con cara de sueño, y con un árbol florido en su cabeza. Y entre sus ramas, un nido en el que tres pequeños chorlitos piaban hambrientos:
_Pío,Pío
_¡Horror! Se escandalizó la mamá que hacia mucho tiempo no miraba con detención a su hijo.
¡Pero esto es espantoso!_ se alarmó Godofredo, que casi posprimera vez veía realmente a su hijo,_ ¡Cómo es que nadie se dio cuenta de esto a tiempo?
_Un doctor. ¡Hay que llamar a un doctor de inmediato!
Y llamaron a un médico de cabellera. Pero éste, después de comprobar que Robertito gozaba de excelente salud, se retiró diciendo:
_Lo siento, pero nada puedo hacer.
Entonces,¡no me lo van a creer! A Robertito mismo, a quien con el árbol y los tres chorlitos ya era demasiado lo que le pesaba la cabeza, se le ocurrió la solución.
Fue al baño, se mojo bien mojada la cabeza para soltar las raíces del arbusto, con sumo cuidado lo sacó de arriba de su cabeza y lo fue a plantar en el patio de la casa mientras los tres pequeños chorlitos continuaban piando felices.

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